Vuelve a hablar, madre
cuéntame esas cosas de brujas y naguales
las mismas que le contaban a tu tata.
Anda, canta el arrullo
que le gusta a tu nieto:
Chinchiriñeco, Chinchiriñeco
Mató a su muñeco
¿Y por qué lo mató?
Porque estaba culeco
Mira, ya se duerme
le gusta tu vozgrillo
y tus manos veladoras.
No pares, madre
toma sus deditos
y colócalos en tu corazón-árbol
con semillas de sombra.
¿Te arrimo el pan-puerco
para que cures su empacho?
No cierres los ojos madre.
¿Te sobo las manos frías?
Que se lleven tu cuerpo
pero déjame aquí tus manos mías;
sabias de herbolaria.
Déjame desenterrarlas, madre
para que cures mi locura.
Lucero Balcázar
Huixquilucan, Estado de México
Poema pubicado en las antologías:
Concilio de Primicias, UNAM, México, 1996
Aliento de Sueños, Asociación de Escritores de México, 2002
Mujeres Poetas de México, Editorial Atemporia, México, 2008
Tags: Madre-Poesía, Lucero Balcázar, Poetas-Pintoras, Cuba y Lucero Balcázar, Poesía: México-Cuba, Poesía nostalgica, Lucero Balcázar: Poeta